EL CAPRICHO

Trabajos en la carretera otra vez
Por los sonidos de metal entra el sueño
Mientras todo hierve,el día
apenas está empezando

De nuevo trabajan en la carretera
y afuera un árbol queda
irradiando sus colores por capricho
mientras Gazela1 se ríe y se ríe

Unos ojos quietos cerca de la puerta
del autobús, están soñando con mi pelo, yo lo veo
mientras una camiseta sentada cerca del chofer
Con su mano hace el dedo vulgar hacía la anciana

De la axila del tio con bigotes a mi lado
huele la aguardiente tan rica
Los trolebuses no se mueven
El olor de su cuerpo nos pone a dormir
hasta que cocemos a fuego lento

Y mientras ese ojo al lado de la puerta
empuja algun costilla con su codo
Ese árbol nos mira por capricho
No se mueven los trolebuses y todo se funde
Huele tan fuerte el aguardiente

Trabajan en la carretera de nuevo
Todas las miradas me aburren
Todo hierve y hierve y el día
Apenas ha empezado

1 El Puente Gazela (serbio: Most Gazela; serbio cirílico: Mост Газела, que significa gacela) es el puente más importante sobre el río Sava de Belgrado, Serbia. Forma parte de la Ruta europea E75 que pasa por el centro de la ciudad, y que vertebra la conexión de Belgrado con Niš, al sur, y Novi Sad, al norte.

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TODAVÍA

En mi sueño, atado
te sientas en un trolebús
que no utiliza electricidad
Me recuerdas a un cuadro
de Frida Kahlo

Oigo, un tambor fuerte
resuena contra el aluminio
Como si trolebús fuera un ultrasonido
para tu corazón
Y ahí dentro una inquietud
platija
Entre costillas golpea
amenaza ese corazón
a derramarse en el espacio
Pero cada vena
resiste fuerte

Te retuerces, así
y a través de la ventana
ves los estudiantes, perros
vagabundos, los enamorados
Pero además de que todo
al dentro se precipita y rompe
estas mirando afuera
y no te molesta ese corazón
que salta latidos
sino los enamorados

El aluminio ya se retuerce
cabezas desprendidas
enrojecen las calles
alrededores
Lenguas que se han besado
aún crispan los nervios
Los ojos se marchitan, invertidos
Los miembros todos colocados
en orden: pierna, brazo, pierna, brazo
y desde ellos color rojo corre
por las calles

Sin embargo ahí dentro todo
hormiguea y hierve
tu miras afuera
y todavá no te molesta tu alma
en zanja de agua
ni el odio te calma

En verdad me recuerdas
a un retrato de Frida Kahlo
Aluminio ya arde y no hay salvación
se ve el cielo
Saltrará. Saltará. Saltará.

 

SILENCIO

El olor en cual visten
las calles en este día
septembrino
recuerda a iris
aunque
el cemento ahoga
La cara de tu madre
se arranca del recuerdo
y viene la noche
El sonido ya vacila
a través de un
miedo antiguo
Las vigas de soporte
caen sobre el aroma
Un langosta me dice
cuentos de hadas
y los colores son vivos
Las luces de afuera
entran en mi cama

Silencio

LA AMPOLLA

Los pies duros
Cansado, tiene sed.
El sol radiante, matando.
Las ampollas atrasan la cosecha.

El meneo rápido le pega la cara.
Brillo de relámpago rasgó su mejilla negra
Ni siquiera le ve la cara de su carnicero,
Él sólo ve su propia reflexión en el agua turbia.

Y no gotea la sangre, él ya no siente el dolor, el miedo
Ya perdió su forma común. Su piel se queda obscura y seca.
Solamente la camisa sudorosa está temblando, dejada en el polvo,
Y por ahí, en el campo de algodón, empieza la tormenta muda, silenciosa

Soplando, por ahí lleva, todo lo que el esclavo sabe y ama; respirando tan dificil
Esta escribiendo cada palabra, a la cual había oido escondido, puesto de rodillas
El turbio sudor con ese pensamiento de su frente torturado sigue goteando, yendo tan de prisa
Mientras, atacado, aprieta sus arrugas, con el corazón grafito apuñalando sobre el papel

Él ya no oye las moscas zumbiendo, tan pesadas, a su lado, haciéndole picaduras en los manos
Ese olor tan denso de cadáveres de ganadería, colocado debajo de sus pies desnudos
Él sigue ignorando; ciego de las palabras, de las letras, luchando contra el viento
Esa tormenta tan silenciosa y muda trae el dolor con sus golpes desalmados

C
on su nariz sangrante siente el olor del algodón que rasga los pulmones
Y como si oiga el eco de las espinas de algodón tan suaves
De nuevo aprieta el papel usado, pero se cae tan fácil
Sangre se va de su herida superficial en silencio

Apretar con fueza la herida no va a ayudar
Mirando a su cara en la agua turbia
Ya es obvio la sangre no se para
Las palabras él pone en pecho

El sol ya quemando
Moscas picando
Oídos, manos
Quemados.

LA PIEDRA

Él de verdad, hace un enorme esfuerzo, empujando la piedra hacía arriba por la colina, con un suspiro doloroso. Con cada paso, el triunfo irrompible está más cerca, lo sabe con certeza. Empujando sus pies sobre la grava, está tirando los destinos de los tantos, y sus suos, esperanzas, la fé en la humanidad y el amor. Él lleva sobre su hombros todas las vidas de esos hombres, que, como él, también sueñan con el pico. Y el perdón.

Los bordes afilados de la roca hacen grietas en su piel y fortalecen su mente. Esta tirando, otra vez, con las manos desnudas mientras la colina se queda escarpada, alta, pero al mismo tiempo su determinación queda intacta.

A medio camino, frunciendo el entrecejo, el casi no respira. Está deteniendo cada uno de sus movimientos en el orgulloso miedo por donde la piedra se va a deslizar desde sus manos castigadas. El héroe aprieta cada musculo suyo, sólo para guardar su carga.

EL SOL

Rayado
Perdido
Masticado
Frustrado
Es así mi hombre

Yo veo todo
y cuando debo
también huelo
todo lo ocultado
aunque no debería

Se extenden
desde mi ser
los rayos de sol
embriagadores
mientras huele el día entero
a los triumfos maduros
y las cerezas

Orgulloso
Victorioso
Distraído
Es así mi hombre

Me pongo presumida
cada vez que puedo
Pero también
Yo así sola
puedo subirte
hasta el cielo

En un día nublado
invento las tonterías
y así diría
Él no existe
Puedo lograrlo sola

Y si se arranca un pedazo de Sol
y me suena sobre la puerta
este testarudez mía
me metería la pata por un capricho

Mi hombre es
una fuerza de la naturaleza
el pulso de la vida
y el poder
y la advertencia

Él siempre come
las cerezas
más ricas

LA MANZANA DE ADÁN

Robaste la manzana de Adán y huiste
a través de una niebla de abrazos.

Tu pelo salvaje, como el tiempo se escapa.

Me robaste el ruido de mi corazon
El silencio salvaje, se burla de Dios.

Aún estoy aquí, hundido en la tormenta.

¿Tienes algún bocado más, Salomé?
Aquí, en el precipicio, todavía cae la nieve.